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Novedad: “Lágrimas de Gilgamesh y otros poemas” de Adeeb Kamal Ad-Deen

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Adeeb Kamal Ad-Deen es un poeta iraquí de estas últimas generaciones que participaron en la elaboración de la nueva poesía iraquí. Nació en Babel en 1953. Vive hoy en día en Australia. Es periodista y traductor especialista en literatura inglesa. Miembro de las asociaciones de escritores de Irak y Australia. Su poesía ha sido traducida a varios idiomas, entre ellos; el inglés, el francés, el alemán, el urdu, el italiano y el español. También ha sido incluido en antologías poéticas en Irak y Australia. Ha publicado las siguientes colecciones de poesía en lengua árabe: Detalles (1976), Diván árabe (1981), Yim (1989), Nun (1993), Las noticias del significado (1996), El punto (1999), Letra H´aa (2002), Antes de la letra, después del punto (2006), Paternidad (2009), Cuarenta poemas sobre la letra (2009), Digo letra y refiero a mis dedos (2011), La letra y el cuervo (2013), Señales del Alef (2014) y En el espejo de las letras (2015). En 2015 se publicaron sus obras completas en dos tomos. En Lastura ha publicado en mayo de 2016 su último libro dentro de nuestra colección Alcalima de poesía: Lágrimas de Gilgamesh y otros poemas.

“La modernidad en la poesía árabe es una característica inseparable del nombre de Irak. La producción poética árabe y su tendencia renovadora, que comenzó a mediados de los años cuarenta a través de lo que se llamaría más tarde “el verso libre”, surgieron con los poetas Al-Sayab, Nazik al-Malaika y Abd al-Wahab al-Bayati. La sucesión de los movimientos poéticos desde aquella fecha, pasando por los poetas de la generación de los 60 y 70, no careció de renovación y esfuerzos destacados por parte de los poetas iraquíes. Incluso un poeta importante como Nizar Qabbani llegó a decir en una entrevista: “Iraq es el centro de peso en el mundo poético. Si no fuera por él, se hubiera desequilibrado la tierra, saliendo la poesía de su órbita. Irak es el padre de todas las descendencias poéticas… en una sola palabra, es el Adán poético, y todos nosotros somos sus hijos o bien sus nietos”.

Las nuevas generaciones, durante los tiempos difíciles de la guerra, no dieron a sus poetas el pleno derecho de la crítica ni la oportunidad de comprender su formación y su nuevo estilo. Las tendencias a expresarse sobre sus particularidades tomaron diferentes formas entre un poeta y otro y constituyeron una secreta entrada para el poeta, creando al mismo tiempo un tipo de soledad abstracta hacia la determinación de la trayectoria de la generación y su derecho a tener una posición singular como una importante voz de los que vivieron en aquellos años. Las consecuencias de la aparición de estos poetas con el periodo de la guerra se han prolongado hasta la actualidad y han motivado la migración y la huida de muchos de ellos en busca de la libertad en el mundo árabe y occidental. La continua destrucción del desarrollo social dotó de una dimensión existencial a los poetas en lo que se refiere al estudio profundo, la contemplación y la penetración en un hecho con diversas señales significativas. Asimismo, el término guerra-muerte llegó a ser un símbolo aplicado en la orientación de los colores de dicha generación. Aquella pura casualidad de la coincidencia o bien la del destino, les concederá una sombra que acompañaría su nombre de generación de la devastación y que afectaría positiva y negativamente a la estructura oratoria poética y a todo lo que ha sido escrito de esta poesía durante dicho periodo, incluso en el exilio, o bien en la larga estancia en el extranjero.

La mayoría de los poetas iraquíes coinciden en la creación de la semilla de la rebeldía como concepto, creación existencial de su generación que puso de relieve su construcción de la madre patria. Las muchas directrices que demuestran las mismas voces han sido destacadas ocupando un rango importante en el exilio –que se trata de un vocablo flotante y discutible– son las que encontraron la llave de la verdadera sensación de su poesía con sencillez. Después de la guerra, el exilio afiló e hizo madurar al poeta, hecho que podemos percibir cada día tras las sucesivas lecturas de sus libros, publicados fuera de la patria. La diversidad de las tendencias expresivas de estos poetas contribuyó a enriquecer sus investigaciones sobre los tesoros de la literatura, la herencia religiosa y la poesía árabe contemporánea. También ayudó, en gran medida, a la tendencia a degustar las literaturas universales, sobre todo la poesía. Además de la seria contribución en la prensa cultural, dicha diversidad en sí misma permitió subrayar más de una tendencia en los poetas, y en su búsqueda de los diferentes elementos topológicos y temas que les motivaron a lanzarse hacia extensos campos y nuevas puertas más abiertas con el fin de expresar sus peculiaridades, como ocurrió con la plena percepción de la poesía en prosa, que destacó en su época. Pese a ello, la poesía de esa generación no carece de la aventura de escribir poesía rimada y practicar todo tipo de poesía para expresar sus anhelos mediante poesía perceptiva, existencial, contemplativa, subjetiva e, incluso, poesía de lo cotidiano.

Adeeb Kamal Ad-Deen es un poeta iraquí de estas últimas generaciones que participaron en la elaboración de la nueva poesía iraquí. Nació en Babel en 1953. Vive hoy en día en Australia. Es periodista y traductor especialista en literatura inglesa. Miembro de las asociaciones de escritores de Irak y Australia. Su poesía ha sido traducida a varios idiomas, entre ellos; el inglés, el francés, el alemán, el urdu, el italiano y el español. También ha sido incluido en antologías poéticas en Irak y Australia. Ha publicado las siguientes colecciones de poesía en lengua árabe: Detalles (1976), Diván árabe (1981), Yim (1989), Nun (1993), Las noticias del significado (1996), El punto (1999), Letra H´aa (2002), Antes de la letra, después del punto (2006), Paternidad (2009), Cuarenta poemas sobre la letra (2009), Digo letra y refiero a mis dedos (2011), La letra y el cuervo (2013), Señales del Alef (2014) y En el espejo de las letras (2015). En 2015 se publicaron sus obras completas en dos tomos. Es poeta de las letras y busca en su poesía la deuda con la tradición árabe, que puede vivir y crecer a despecho de las modas literarias. Pero, al mismo tiempo, recrea su mundo particular para construir una obra original tanto en el tema como en la profundidad, ajenos de la imagen anticipada. Los versos no han sido obligados por la carga a dejar su vuelo inconcluso sino que continúan en la tela de las palabras, permitiendo que busquemos en ellos la fuerza de la inteligencia y la transparencia anidada en lo oculto.

Él no proyecta su integridad solamente en una figura conocida, ser legendario o mítico, sino que busca en los alrededores, su gente, seres vivos y anécdotas de la vida diaria para captar el son de su verso. En vez de inventar máscaras de sí mismo, el poeta adopta las caras y sus voces para expresar la historia, su historia, tan personal como la del resto, donde capta las visiones del mundo, prototipos, deseos o temores a un grado igual que otras emociones y circunstancias efímeras. Ya que el poeta en sí es un ser cómplice.

No es una poesía pura como reclama más de uno, sino un campo de reflexiones, donde las letras y la experiencia personal son inseparables en casi toda la trayectoria del poeta desde que se publicó su primer libro en 1976 hasta el último que se acaba de publicar.

En los recuerdos de la generación del poeta queda aún un conjunto de influencias tradicionales y religiosas. Las lecturas coránicas, en particular, dejaron sus huellas en la poesía de esta generación. El poeta encontró en dicha diversidad poética un depósito interminable de imágenes y referencias aptas para expresar su pensamiento recóndito. Este se diferencia de los otros por la nueva tendencia lírica y el exclusivo subjetivismo moderno en todas sus formas, amalgamado de entendimiento contemporáneo de los recursos vivos de la tradición. Es una experiencia rica y discutible en el campo de la poesía en el mundo árabe, en lo que se refiere a sus concesiones creativas, además de la larga y diversa experiencia entre la patria y el exilio. Todo ello conduciría a un impacto con las anteriores generaciones a pesar de que completa, con un gran mérito, una parte innegable en el mapa contemporáneo de la poesía iraquí, que nunca se agota como si fuera la razón de la eternidad de este pueblo.”

Abdul Hadi Sadoun