Cuerpo-situación (Reseña de «Este es mi cuerpo» de Luisa Miñana – Revista Turia – David Mayor)

abril 16, 2020 0 Por admin

ESTE es mi cuerpo (Lastura, 2019) de Luisa Miñana es un excelente libro de poemas y una muy interesante reflexión sobre un discurso de fuerte resonancia contemporánea: el poshumanismo. El cuerpo escrito que nos presenta Luisa Miñana no es sólo un cuerpo hecho de piel y de partes asumidas o reconocidas en el cuerpo propio, también es un cuerpo trabajado, un cuerpo maquillado, es decir, un cuerpo que se hace máquina. Un cuerpo con trucco que diría un italiano. Este es mi cuerpo es un cuerpo tarado, ortopédico, intervenido: un cuerpo ciborg. En cierto sentido, Luisa Miñana continúa en una dirección que la poeta ya señalaba con su anterior libro, Ciudades inteligentes (Olifante, 2014).

Para quien escribe estas líneas, Este es mi cuerpo es uno de los libros de poemas del año 2019, junto con, entre otros, Los lagos de Norteamérica de José Daniel Espejo, Tuve una jaula de Lara Moreno o Los animales heridos de David Eloy Rodríguez. Libros no canónicos hechos con una voz radicalmente propia. Libros que no son líricos –o no sólo– sino que abordan problemas con una intensidad reflexiva propia de la filosofía. Foucault nos reveló que el cuerpo es un texto donde escribe la realidad social. El propio cuerpo, el de cada una y cada uno. En la realidad social de nuestro mundo contemporáneo, los cuerpos están inscritos en ese cambio que transita desde la sociedad orgánica e industrial hacia un sistema poliformo de información y conformación –un cambio sobre el que ha reflexionado con pertinaz crítica, por ejemplo, Donna Haraway–. Por lo tanto, el cuerpo ahora, escrito por esta realidad social, también es polimorfo, no sólo orgánico, sino algo más, algo nuevo, algo inédito. Un cuerpo tan biótico como mecánico, tan concreto como simulado, tan detectable como invisible. Un cuerpo que se armoniza con la situación que construye, que se hace situación: un cuerpo-hospital o un cuerpo-moda o un cuerpo-demencia o un cuerpo-soledad o un cuerpomuerte. Cito estas situaciones en concreto, porque son algunas de las que plantea Luisa Miñana en su libro, en el que el cuerpo polimorfo es el protagonista absoluto. Luisa Miñana abole, como no podría ser de otra manera dado su planteamiento, algunas de las dicotomías más convencionales: mente/cuerpo, naturaleza/cultura, organismo/máquina, verdad/falsedad o salud/enfermedad. El cuerpo escrito en este libro es un cuerpo escrito por una realidad social que ha hecho estallar esos relatos. Cada uno de ellos se solapa y confunde con los otros, del mismo modo que –como indica Santiago Alba Rico en uno de los epígrafes seleccionados por la autora– «el cuerpo es esta fuga imposible» (cursiva de Alba Rico) «que opone e imbrica dos elementos extraños entre sí: la carne y la palabra». Son elementos extraños, pero elementos que concuerdan, armonizándose en una fuga posible más que imposible. Su constatación es el poema. La abolición se produce en el poema. Algunos de estos poemas, que son situaciones-cuerpo, se repiten una y otra vez a lo largo del libro en cada una de las partes que lo componen. A las situaciones-cuerpo que ya hemos destacado –hospital, moda, demencia, soledad y muerte–, se añaden las situaciones amor, sexo y ciborg. Todas son partes del cuerpo que funcionan como un ritornello que subraya en el libro heridas, estos, marcas, herencias o cicatrices más o menos explícitas, que hacen del uerpo un territorio no solo propio sino en el que también están los demás, las situaciones con los demás. Porque «Nadie es sólo uno mismo» –escribe Miñana en uno de sus poemas fundamentales, el titulado «Gestos». «La muerte alrededor cambia / cuerpos que amaste por una extraña / nada que no tiene lugar, pero deja los gestos / y tu cuerpo, ya huérfano, / reconoce el consuelo y también la advertencia» (p. 18). El cuerpo es consuelo y advertencia de que nosotros también somos los otros; no sólo somos texto, escritura, sino también contexto, situación; presente y memoria, apertura y resistencia. Un cuerpo que es incitación al conocimiento, condición de posibilidad y campo de batalla. Por lo tanto, el cuerpo se establece como marco tanto epistemológico como político. Luisa Miñana pone el cuerpo como práctica de resistencia. Su cuerpo-situación, su cuerpomemoria. El cuerpo contra el poder.

Escribe, precisamente, en un poema titulado «Poder»: «Qué hecatombe, al cabo de los tiempos / de cuerpos verdaderos, de cuerpos arrojados / al horror, de cuerpos que nunca fueron enteramente / cuerpos, porque asumieron solos el inmenso / cansancio de mantener la noria de las pequeñas certidumbres necesarias al mundo de los hombres / cobardes y a sus criaturas de cuerpos caníbales, ¡ay, hijos imperecederos de Frankenstein!» (p. 66). Revelador poema, pues indica abiertamente el conflicto: el poder se ejerce, tanto la vigilancia como el castigo, sobre los cuerpos solos. Sin embargo, a su vez, el poder produce saberes sobre el cuerpo, que intervienen en él y le dan ese carácter poliformo de cuerpo más allá del cuerpo en el que insiste la poeta. Así el cuerpo pasa de ser un cuerpo-solo a un cuerpo-situación, cuya subjetividad también es producida: «hijos imperecederos de Frankenstein»; es decir, cuerpos ciborgs.

Escribe Luisa Miñana en «Cyborg», el último poema del libro: «Este es mi cuerpo / intervenido, puesto en pie en un principio / por la vida, que de todo se ayuda en su perseverancia, / y reformateado luego por la acción ortopédica / del amor y el desamor / hasta llegar aquí tras sucesivas mutaciones, / cuerpo híbrido el mío» (p. 94). Producción de subjetividad, decíamos. «Vivir acaba consistiendo en no huir / de las metamorfosis y aceptar las muletas. / He visto tantas cosas […] Confía en mí, mi bella criatura, mi amadísimo / monstruo inmortal» (pp. 94-97). Qué extraordinario final sin final –«amadísimo monstruo inmortal »– para este cuerpo-situación con forma de libro, un cuerpo polimorfo y performativo que Luisa Miñana muestra con tanta honestidad como práctica de resistencia en poemas que son fuga posible de carne y de palabra. –DAVID MAYOR.